Algunos números muestran que la brecha de género en el trabajo se redujo levemente en Uruguay en los últimos años. Pero la desigualdad persiste, y se puede observar en las tasas de actividad, de empleo y de desempleo, así como en la remuneración. “Es posible comprobar sistemáticamente que las mujeres reciben un menor salario, comparando con tareas y condiciones de trabajo iguales a sus colegas hombres”, afirma un informe publicado por el Centro de Investigaciones Económicas (Cinve) en el libro Para entender la economía del Uruguay, coordinado por los economistas Diego Aboal y Fernando Lorenzo.

El estudio señala que esas diferencias salariales son difíciles de medir en su totalidad, porque hay desigualdades que inciden en la trayectoria laboral de las mujeres y, de ese modo, en su salario. Ocurre, por ejemplo, en el caso de las trabajadoras que tuvieron que salir del mercado laboral durante cierto tiempo para ocuparse del cuidado de familiares.

También el nivel educativo incide en el salario. El Cinve señala: “Si bien antiguamente los hombres activos laboralmente presentaban un mayor nivel educativo que las mujeres, desde hace ya varias décadas son las mujeres las que registran un nivel más elevado”. Sin embargo, agrega, algunos autores sostienen que las mujeres siguen siendo minoría en algunas de las profesiones “mejor retribuidas comparativamente”, por ejemplo, las de ingeniero o cirujano.

El informe cita diversos estudios sobre la brecha salarial: uno que la estima en 6%, con datos de 2005, y otros más recientes que la calculan entre 20% y 30%. Algunos autores concluyen que terminar con esta desigualdad en las remuneraciones “no sólo es de estricta justicia hacia las mujeres, sino también ‘un buen negocio’ para los países y sociedades”, porque contribuye al desarrollo económico, señala el Cinve. Por ejemplo, un estudio del Banco Mundial concluye que los países podrían aumentar su riqueza en 14%, en el plano mundial, si los salarios de las mujeres se igualaran a los de los hombres.

La discriminación se refleja también en la participación de las mujeres en el ámbito laboral, es decir, la tasa de actividad: mientras que 73% de los hombres mayores de 14 años se declaran ocupados o desocupados (es decir, buscan trabajo), sólo 55,4% de las mujeres se encuentra en una de esas dos situaciones. El Cinve aclara que esta medición toma en cuenta a los mayores de 14 años, debido a convenciones estadísticas internacionales, pero recuerda que en Uruguay está prohibido el trabajo infantil hasta los 15 años.

Según datos de 2015 de la Encuesta Continua de Hogares, las mujeres que dicen dedicarse exclusivamente a las tareas del hogar son muchas más que los hombres en la misma situación (ver gráfico Activos e inactivos por categoría), y la discriminación se refleja también en otros indicadores.

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Desde 1986 hasta 2015 la tasa de actividad para las mujeres fue creciendo en forma sostenida y pasó de 42,6% a 55,4%. No obstante, todavía está lejos de la que registran los hombres, que durante esos años osciló entre 70% y 75%.

A su vez, en ese período la tasa de empleo en la población económicamente activa femenina creció gradualmente de 37,4% a 50,5%, mientras que la de los hombres se mantuvo entre 66% y 71%. También la tasa de desempleo evolucionó de forma positiva para las mujeres, de 12,1% a 8,9%, pero, una vez más, la brecha de género se mantiene: el desempleo de los hombres pasó de 6,8% a 6,4%, con altibajos en el período.

El estudio del Cinve señala que en el mundo “la participación laboral femenina ha aumentado en las últimas décadas en todas las regiones, sin excepciones”, lo que constituye “un fenómeno de gran impacto en los mercados de trabajo”.

Diferencias de edad

La evolución de la tasa de actividad por edad muestra algunos comportamientos comunes a hombres y mujeres, señala el informe del Cinve. Uno de ellos es la mayor participación en el ámbito laboral entre los 21 y los 45 años, y una tendencia a la caída antes de los 20 años. “Esto último posiblemente venga asociado a una mayor participación en el sistema educativo por parte de este grupo; es decir, una mayor cantidad de jóvenes opta por concurrir a algún centro de estudios, postergando así su entrada al mercado de trabajo”, concluye el informe.

Otro fenómeno común a hombres y mujeres es un aumento de la tasa de actividad en el siguiente tramo de edad, entre los 45 y los 65 años. Esa tendencia, señala el Cinve, “está asociada a una propensión por parte de la población a retrasar la edad de jubilación”.

En el caso de la tasa de empleo, el informe destaca “el aumento persistente en el empleo femenino, particularmente en las edades de mayor actividad”, es decir, entre los 21 y los 65 años. Señala que el aumento de la tasa de empleo “fue más pronunciado que el de la tasa de actividad, lo cual da la pauta de que, no sólo las mujeres aumentaron su disposición a conseguir un empleo a lo largo del período”, de 1986 a 2015, sino que también “las empresas mejoraron su disposición a contratar a las mujeres”.