El punto de partida fue identificar en el territorio a las mujeres afro. Artigas, Rivera, Tacuarembó, Cerro Largo y Montevideo fueron los departamentos elegidos para llevar a cabo el proyecto “Fortalecimiento de la autonomía económica para mujeres afrodescendientes” porque, según los datos del último censo, eran los que contaban con mayores tasas de desempleo entre estas. Fue entonces que a partir de 65 entrevistas se buscó sistematizar la condiciones, posibilidades y realidades de estas personas a la hora de llevar adelante una idea o empresa, en forma individual o colectiva, y el sábado 1º de junio se presentaron los resultados en un encuentro presencial en el que estas 65 mujeres compartieron sus experiencias en Montevideo.

Parte de una consultoría celebrada por la Corporación Nacional para el Desarrollo (CND) para la implementación del proyecto del Departamento de Mujeres Afrodescendientes del Instituto de las Mujeres (Inmujeres) del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) con el Instituto de Promoción Económico Social del Uruguay (IPRU), y está vinculado con una de las líneas estratégicas del departamento, que tiene que ver con el empoderamiento económico de las mujeres. Lourdes Martínez, su coordinadora, explicó que, “si bien se trató de llegar a todas, varias no concretaron la entrevista, pero por lo menos muestran lo esencial para sacar conclusiones”.

Perfil y trayectorias

La consultoría consistió en 65 entrevistas a mujeres afrodescendientes que llevan adelante emprendimientos o tienen una idea a desarrollar: diez en Artigas, 12 en Rivera, diez en Tacuarembó, diez en Cerro Largo y 23 en Montevideo. Sus edades se extienden entre 21 y 70 años, con cierta concentración en las edades medianas –40 a 59 años–. Mientras 85% de ellas lleva adelante un emprendimiento o trabajo por cuenta propia, el 15% restante cuenta con una idea de negocios que procura desarrollar. A su vez, de las 65, 25 –38%– manifiestan haber recibido apoyo de alguna institución o programa vinculado con el emprendimiento o idea de negocio, por parte del gobierno nacional o departamental.

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Los datos recabados con respecto a los núcleos de convivencia indican que 10% viven solas y 60% integran familias con hijos menores de 17 años de edad a cargo. A su vez, casi una cuarta parte –24%– son hogares monoparentales femeninos con hijos menores de 17 años, y otra cuarta parte integran hogares extendidos, en los que conviven hasta tres generaciones y en dos casos, personas no parientes.

Respecto de la educación, 37% presenta un nivel educativo bajo –primaria incompleta y completa–, 45% un nivel medio –ciclo básico y secundaria completa– y 18% posee un nivel educativo superior –técnico y universitario–. Al cruzar la trayectoria educativa considerando el territorio, se evidencia una mayor concentración de niveles educativos bajos en el interior: mientras que en Montevideo 17% cuenta sólo con primaria completa, en el resto del país casi la mitad –48%– parte de esta realidad.

Sin embargo, las formaciones y los estudios complementarios y relacionados con la actividad emprendedora están presentes en la gran mayoría de este conjunto de mujeres. El informe concluye que esto expresa “en la mayoría de los casos una búsqueda de mejora y de valorización de la capacitación y estudios, aun en circunstancias de escasas o limitadas oportunidades y posibilidades de acceso y sostenes educativos”.

La trayectoria en el mundo del trabajo da cuenta de la integración social y del establecimiento de vínculos significativos en nuestra sociedad. En el caso de las mujeres afro, las experiencias laborales relatadas están vinculadas a áreas tradicionales de la producción y la economía. No se registran experiencias laborales, trayectorias o incursiones en otras áreas de más reciente desarrollo en parte del emprendedurismo en el país, como por ejemplo diseño, informática, software o electrónica. “Los perfiles educativos, las oportunidades de acceso al mercado de trabajo y el género operan como condicionantes claves que explican tanto en el tipo de experiencias laborales reseñadas como en las no encontradas en estas entrevistas”, se afirma en el informe. También se señala que “en la mayoría de los casos, aunque se trata de áreas tradicionales, los emprendimientos suelen tener una impronta que implica creación, el gusto de hacerlo y el disfrute por el desarrollo de la tarea”.

Muchos de los relatos expresan inicios laborales a edades tempranas, a partir de los siete años de edad. A su vez, 45% manifiesta que sus empleos son o han sido “informales, sin aportes ni coberturas”. Al aislar los casos del interior la cifra asciende a 55%, en especial en Artigas y Rivera.

60% realiza otra actividad laboral, además del emprendimiento. Muchas veces se trata de trabajos “por la cuenta”; a menudo identificando –erróneamente– como experiencias de trabajo independiente formas encubiertas de trabajos dependiente no calificado, de baja valoración y sin acceso a seguridad social.

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“El relato de varias de las mujeres entrevistadas expresa condiciones de carencias importantes, dificultades económicas cotidianas y largas trayectorias familiares de inestabilidad y pobreza en las condiciones materiales de vida”, se afirma. Una aproximación a la realidad de los contextos familiares que integran las mujeres entrevistadas indica que, tomando como referencia la información aportada y el análisis de los ingresos declarados y considerando la composición de los núcleos familiares –la cantidad de integrantes, la presencia de niños, niñas y adolescentes–, tres de cada cuatro familias de las mujeres entrevistadas son pobres.

Ideas y emprendimientos

Los 55 emprendimientos en funcionamiento y las diez ideas a desarrollar que llevan adelante las mujeres entrevistadas refieren a artesanías y artes; pequeños comercios, venta y reventa de vestimenta nueva y perfumería, así como de ropa usada; emprendimientos rurales; elaboración y venta de alimentos varios, como donas, tartas, masas dulces y saladas y bombonería artesanal, así como “viandas”; servicios de peluquería –varios de ellos con servicios especiales para cabellos afro–, maquillaje y manicura; la gestión de un jardín de primera infancia; servicios de limpieza; y la confección de prendas y accesorios, en algunos casos “étnica”, o de prendas de carnaval, así como costuras en domicilios de “casas de familia”.

Todos los emprendimientos se encuentran en funcionamiento, tres cuartas partes en forma continua y el resto con un funcionamiento intermitente, con interrupciones o discontinuidades. La mayoría (60%) lo hace en un local dentro de la vivienda particular; a su vez, 65% son emprendimientos individuales. Sólo 36% están registrados en el Banco de Previsión Social, y 31% en la Dirección General Impositiva.

El proyecto sigue

A partir del proyecto y de las demandas explícitas mencionadas por las mujeres entrevistadas, Martínez aseguró que “se profundizará en lo necesario”. En agosto comenzará una segunda fase del proyecto, que apunta a capacitar a nivel de emprendedurismo a las participantes –así como a otras que fueron consultadas pero no se pudieron incorporar en la primera etapa– con un seguimiento de dos meses, así como mediante talleres de sensibilización con la identidad y el empoderamiento.

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