Fabrizio Hochschild es asesor especial del secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, y encargado del seguimiento y cumplimiento de lo reportado por el Panel de Alto Nivel sobre la Cooperación Digital, un organismo integrado, entre otros referentes de la economía digital, por Melinda Gates y Jack Ma. Hochschild estuvo en Montevideo la semana pasada con motivo de la Cumbre Ministerial del D9, grupo que reúne a los países líderes en gobierno digital (Canadá, Corea del Sur, Estonia, Israel, México, Nueva Zelanda, Portugal, Reino Unido y Uruguay) y que actualmente preside nuestro país. En diálogo con la diaria, afirmó que Uruguay debería promover acuerdos internacionales sobre el uso responsable de tecnologías digitales por su “credibilidad”, su “neutralidad” y su liderazgo en la materia.

¿Qué evaluación hacés del trabajo que lleva adelante el D9 en materia de gobierno digital y tecnologías digitales?

El D9 es un grupo muy importante, que está conformado por los países que tienen más desarrollo en temas de gobernanza digital y son pioneros en el tema. Además, intercambian experiencias en un ambiente de trabajo en equipo, en el que comparten sus problemas y sus soluciones. En el mundo digital, cada vez se generan más acuerdos entre países que piensan de manera parecida, pero el gran reto ahora es alcanzar un mayor número de acuerdos universales para evitar que haya rupturas entre los diferentes sistemas: queremos la universalidad de internet, con libre acceso para todo el mundo.

¿Cómo considera que ha encarado los desafíos vinculados a esta materia Uruguay, que actualmente preside el D9?

Según un informe de la ONU, Uruguay es líder en la región, y este es un hecho que no se sabe. Si tengo una queja sobre Uruguay es que es demasiado discreto: debe perfilarse más a nivel internacional, porque, de hecho, lo que he visto aquí son muchas prácticas excepcionales. Un ejemplo de ello es el hecho de que hay una cobertura casi universal de internet, algo que han logrado muy pocos países en la región. El Plan Ceibal, por el cual cada niño de más de seis años tiene una tablet y acceso a internet, tiene un efecto enorme en valorizar la educación y evitar la desigualdad por la falta de recursos financieros. Otro tema positivo es la inversión en innovación que han hecho el Estado y las empresas uruguayas. La ONU quiere ver más liderazgo de Uruguay a nivel internacional para promover acuerdos internacionales sobre el uso responsable de tecnologías digitales. Es en ese aspecto que tenemos una brecha y en el que necesitamos países como Uruguay por su credibilidad, su neutralidad y su actuación a nivel internacional.

¿Sería bueno que Uruguay exportara los modelos que han sido exitosos?

Es más que eso. Muchos países vienen a visitar a Uruguay, y sus representantes van a otros países; el Plan Ceibal ya tiene varios imitadores. Creo que eso ya está funcionando. Se trata de trabajo político. Es necesario generar políticas públicas para proteger a los usuarios de los peligros que la tecnología puede traer, por ejemplo, mediante la invasión al derecho a la privacidad o los ciberataques. En ese aspecto se precisan políticas públicas a nivel nacional, regional e internacional. A nivel internacional tenemos una brecha, que solamente se puede resolver con una mayor actuación de países como Uruguay.

¿Cuáles son los principales desafíos que presenta América Latina en esta materia?

El principal desafío de esta región, como de muchas, es asegurar el acceso universal. Uruguay casi lo ha logrado, aunque persisten ciertas brechas en algunas regiones rurales. En la región hay grandes brechas entre las zonas urbanas y las zonas rurales, entre hombres y mujeres, entre poblaciones privilegiadas por su capacidad económica y pueblos marginalizados. Donde no hay acceso universal hay discriminación, porque quienes no tienen acceso no pueden recurrir a muchos beneficios económicos, de información, de educación, de gobierno. Si no incrementamos el acceso, la tecnología digital puede ser otra faceta de la desigualdad, que es uno de los grandes retos de la región, en lugar de ser una fuente para disminuirla. Uruguay es un ejemplo que muchos países deberían imitar, aunque acá hay ciertas ventajas geográficas y demográficas que otros no tienen.

¿Cómo pueden colaborar las tecnologías digitales para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible que se plantea la ONU?

Una gran ventaja de la tecnología digital es que permite traer servicios e información a muy bajo precio a cualquier lugar donde haya conexión a internet. Eso ya es muy poderoso. Si un campesino, en un lugar apartado, puede diagnosticar mediante una app en su teléfono el problema que está afectando a su cosecha, le sale mucho más barato y es más eficaz que acudir a un agrónomo, a quien tal vez le lleve días llegar. Además de la información, la tecnología digital brinda acceso a mercados. Pero, si el campesino no tiene acceso a internet, todas esas bondades no existen.

¿Existe el riesgo de que el acceso a las tecnologías digitales amplifique las desigualdades existentes?

En ciertas regiones no hay duda de que el acceso al mundo económico digital favorece a los más pobres. Por ejemplo, en Kenia mucha gente tiene acceso a préstamos gracias a servicios digitales que no existían antes. Pero, del otro lado, donde aún hay tasas de conectividad muy bajas, como en países de África donde son menores a 10%, la brecha de desigualdad puede crecer. A nivel global, la tasa de conectividad entre hombres es 10% mayor que entre las mujeres, y eso en el siglo XXI es un escándalo.

¿Hay poblaciones más vulnerables que otras a padecer esta desigualdad? ¿Existe una brecha digital de género?

En muchos países [las poblaciones más vulnerables] son las mujeres; en otros, las poblaciones que tradicionalmente fueron discriminadas o excluidas, las personas que viven en zonas fronterizas, en zonas rurales o en asentamientos irregulares. Si no hay políticas de digitalización, se tiene que hacer un esfuerzo, no se trata sólo de dejar al mercado andar. Uno debe hacer un esfuerzo extra para asegurar la inclusión. La brecha de género en los países en desarrollo asciende a 30%.

Lo designaron encargado de la conmemoración del 75º aniversario de la ONU. ¿Cuál va a ser el eje de esta conmemoración?

Lo primero que hay que decir es que no va a ser una celebración, porque a nivel global no hay mucho para celebrar. El estado del mundo no es fantástico, y lo que vivimos es una contradicción, que puede ser muy trágica, entre un creciente muro de problemas como el cambio climático, la disrupción por las nuevas tecnologías, que solamente se puede resolver mediante la colaboración global. Pero, al mismo tiempo, hay un creciente escepticismo sobre esa metodología para resolver problemas y hay cada vez más actuaciones unilaterales o bilaterales. Entonces, lo que queremos en este aniversario es nutrir una discusión internacional sobre el valor de la cooperación internacional, basada en los retos que enfrenta la humanidad en este momento.