En 1973 un pequeño grupo de personas se unieron con un objetivo: acceder a comida de calidad y evitar el sobrecosto cobrado en los supermercados. Park Slope Food Coop fue el nombre que le dieron a la tienda cooperativa que, 45 años después, sigue no sólo vigente, sino en crecimiento; hoy sus 17.000 miembros trabajan tres horas al mes para tener derecho a comprar lo que todos coinciden en llamar “la mejor comida en Nueva York, al precio más barato posible”. La cooperativa es, además, el supermercado con más rentabilidad por metro cuadrado del país; de ahí que sea una “pésima noticia para los grandes distribuidores”, afirma el film que documenta “la experiencia social más interesante de Estados Unidos”.

Filmada en diciembre de 2016 por el francés Tom Boothe, Food Coop es un documental que se propone expandir la experiencia y sirve como “manual de instrucciones” para replicarla, contó a la diaria Hernán Mazzeo, un uruguayo radicado en París integrante de Lardux Films, la productora y distribuidora del film. De hecho, la película se gesta en el mismo momento en el que su director impulsaba la creación de un supermercado cooperativo de consumidores en París, La Louve [La Loba], que al día de hoy ya cuenta con más de 6.000 socios, además de numerosas réplicas en otras localidades del país y varios proyectos en otras ciudades de Europa.

Si bien la cooperativa nació como una forma de militancia anticapitalista en los años 70, había entre las razones, también, una senda más pragmática, que tenía que ver con conseguir comida más barata para todos. En la Park Slope Food Coop, cada cliente debe trabajar tres horas mensuales para obtener su membresía, en diversas tareas. Así, la película muestra a psicólogos trabajando como cajeros, maestros como reponedores y diseñadores y animadores como limpiadores, entre otros. Si bien la cooperativa tiene 80 empleados que se encargan de las tareas que requieren cierta experiencia y constancia, es el trabajo colaborativo –75% del total– el que permite a sus socios comprar su canasta mensual, con la que ahorran entre 20% y 40% respecto de otros supermercados.

Las decisiones sobre logística corresponden a los empleados y las políticas a los socios, en asambleas en las que si bien no llegan a ser 17.000, son numerosas. Una de últimas decisiones, contó Mazzeo, fue por ejemplo no vender productos de Coca-Cola. Esta elección viene desde los orígenes, pero, más allá de eso, no hay otros productos vetados. De hecho, en la película se muestra una gran variedad de productos en las góndolas.

Además de difundir y promocionar la tienda en sí, el film apunta a “romper el cliché, contradecir la idea de que lo cooperativo funciona peor que lo privado” explicó Mazzeo. Food Coop tiene la facturación por metro cuadrado más alta del país: diez veces mayor que la media. El productor también destacó que, así como la cooperativa “se rige por las bases del comercio justo, de que haya una conciencia detrás”, en la misma línea se establece “el precio como un parámetro ético, que no sea excluyente y que la cooperación esté antes que la comida”.

Food Coop, afiche.
Food Coop, afiche.

La tienda autogestionada pretende reemplazar al supermercado corriente por completo: por eso abre todos los días, en un horario amplio, y da la posibilidad de consumir una canasta completa. Los cooperativistas también destacan la alta calidad de los productos –en particular, de frutas y verduras–, no sólo por la elección de los proveedores (pequeños agricultores), sino porque también se cuida la rotación: nada queda en los estantes más de un par de días. Acá los números sirven para dimensionar: Food Coop vende todo su stock 80 veces al año, mientras que la media en el resto de Estados Unidos es de 15.

En la cooperativa no hay consejo directivo, ni accionistas, pero sí ciertos códigos para ordenar la relación entre los socios: hay un comité de disciplina que trata los casos de robo, tanto de comida como de horas de trabajo. Cuando alguno de estos hechos sucede por primera vez, se toma como error, pero a la segunda el comité se comunica con el infractor y luego se presenta el caso ante un jurado conformado por 15 socios seleccionados al azar. El acusado se defiende y los miembros del jurado definen; si fue encontrado culpable, otro comité decide la pena que tendrá, que puede ir desde una suspensión hasta la expulsión de la cooperativa.

Mazzeo considera que “si bien se trata de un acto político, no hay un discurso ideológico, y eso le da valor”. “Es un emprendimiento ciudadano muy buen visto”, afirma, y agrega, sorprendido: “Incluso es reproducido por medios conservadores”. La realidad es que razones sobran: “Se cae de maduro, es un proyecto que cierra por todos lados”. “La comida es uno de los sistemas de castas más crudos, y este film ayuda a visibilizar esto. La idea es que haya más calidad y justicia en el acceso a la alimentación, y en este sentido el film se presenta como semillero de nuevas cooperativas de este tipo en otras ciudades del mundo”, apunta.

La productora y distribuidora del film considera que se trata de un ejemplo “excelente” para replicar en Latinoamérica y, en particular que Montevideo, por sus condiciones, sería “el lugar ideal para comenzar”. Con este propósito, la película se proyectará el miércoles 12 a las 19.00 en la explanada de la Intendencia de Montevideo, en una actividad organizada por el Instituto Nacional del Cooperativismo, la Confederación Uruguaya de Entidades Cooperativas y la Unidad de Economía Social de la Intendencia de Montevideo como evento de cierre de Montevideo Capital del Cooperativismo. Estará presente también Mazzeo, quien compartirá cómo fue el rodaje del documental en Nueva York, así como la experiencia de La Louve en París, de la que es miembro.

Food Coop. Director: Tom Boothe. Francia, 2016. 97 minutos. Tráiler: vimeo.com/245611831