El fenómeno de la inmigración no es nuevo en el país, pero sí se puede observar –de acuerdo a algunos estudios– una diferencia entre las “viejas” olas y la de los últimos tiempos. Un análisis de Equipos Consultores y el Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y Administración, en el marco de una serie que estudia la calidad del empleo en Uruguay por iniciativa de Unión Capital, aborda las condiciones laborales de inmigrantes y nativos entre 2012 y 2017. Los datos muestran que a pesar de tener mayores niveles de ocupación, los inmigrantes trabajan en peores condiciones, relacionadas en particular con la inestabilidad –que duplica la de los locales–.

Los inmigrantes representan poco más de 2% del total de los trabajadores activos en el país. De acuerdo a la medición del estudio mencionado, en 2012 constituían 2,2% y en 2017 pasaron a ser 2,5%. Este incremento, “modesto” según los autores, muestra dos cambios “importantes”: que el peso de los inmigrantes recientes en el total de activos inmigrantes se duplica –de 7.617 pasan a ser 12.921– y que, dentro de estos, la proporción proveniente de América Latina –excluyendo a Brasil y a Argentina– también se duplica.

Los datos muestran que los inmigrantes tienen un nivel de educación mayor en promedio que los nativos, y además que la brecha es más amplia con los inmigrantes recientes que con los no recientes. En concreto, en 2017 el activo promedio nacido en Uruguay tiene diez años de educación, contra 13 del inmigrante extranjero reciente.

El perfil de los inmigrantes recientes es más joven que el del nativo y su participación en el sector público muy baja en comparación con los locales –de 4% contra 15% en 2017–, algo que se puede deber a que la ciudadanía uruguaya es requisito para acceder a la mayoría de los puestos de trabajo en el sector público. El estudio indica que en 2012 las tasas de ocupación eran “muy similares” entre inmigrantes y nativos, pero que la brecha aumentó con el paso de los años. En 2017 los inmigrantes recientes presentan tasas de ocupación diez puntos porcentuales superiores a las de los nativos, lo cual según los autores “probablemente” se deba a que “el inmigrante reciente está en mayor medida buscando trabajo y a su vez tiene mayor necesidad de trabajar”, en comparación con aquellos extranjeros que llegaban al país hace siete años.

Los datos muestran también una mayor concentración de trabajadores inmigrantes recientes en la capital del país, en el sector privado y, dentro de este, en los servicios. Por un lado, la proporción de activos inmigrantes recientes que residen en Montevideo crece de 49% en 2012 a 64% en 2017, mientras que entre los residentes nativos las proporciones en igual período son de 60% y 58% en cada caso; por otro, los inmigrantes recientes se ocuparon –en mayor proporción que los nativos– en actividades como comercio, restaurantes y hoteles: las cifras indican que 27% trabaja en estos sectores, mientras que en términos generales ocupa a 22%. En segundo lugar, 14% se ocupa en servicios a empresas, contra 10% en términos generales.

Migrantes dominicanos, en una plaza en el barrio de la Aguada (archivo, febrero de 2016).
Migrantes dominicanos, en una plaza en el barrio de la Aguada (archivo, febrero de 2016).

En cuanto a las condiciones laborales, los inmigrantes parecían acceder a empleos de mayor calidad que los nativos hasta 2016, año en que la situación se empezó a revertir, mientras que la calidad del empleo para los nativos en el sector privado tiende a mejorar en todo el período. Según el estudio, que construye un Índice de Carencias de los Ocupados, los nativos tuvieron en general mayores carencias que los inmigrantes recientes en el período estudiado, con excepciones en 2014 y 2017, pero la tendencia muestra que las carencias descienden ininterrumpidamente para los locales en promedio, al tiempo que aumentan para los inmigrantes recientes entre 2012 y 2014, y 2016 y 2017.

En particular, el análisis indica que en los dos últimos años la peor calidad del empleo para los inmigrantes responde mayoritariamente a una mayor proporción de personas con carencias de empleo, y no –al menos en gran proporción– a un aumento en el número de carencias para cada inmigrante ocupado. La falta de cobertura de seguridad social es la principal carencia para los ocupados, en todo el período y tanto para nativos como para inmigrantes recientes. Sin embargo, si bien en 2012 la falta de cobertura afectaba en mayor proporción a inmigrantes recientes que a nativos, en 2017 los nativos tienen menor cobertura que los inmigrantes recientes –en promedio, 8,8 puntos porcentuales abajo–. Después de este factor, la principal diferencia entre nativos e inmigrantes recientes refiere a la inestabilidad laboral: en 2017 los inmigrantes recientes tienen más del doble de carencias en relación a esta dimensión en comparación con los locales, nueve puntos porcentuales más que las mediciones en 2012. Por último, se ve una relativa equidad en términos de ingresos, horas trabajadas y multiempleo.

Los autores dan cuenta de una carencia en términos de conclusiones referida al origen de los datos, que provienen de las Encuestas Continuas de Hogares realizadas por el Instituto Nacional de Estadística, que releva hogares y deja por fuera hoteles, pensiones, casas compartidas y otras viviendas de residencia colectiva donde potencialmente residen inmigrantes, especialmente los provenientes de estas últimas “olas” de migraciones.